NACHO ABAD INVESTIGA SERIAMENTE TUK TUK BARQUILLO

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Miércoles 8 de noviembre. 2 de la tarde. Espero al famoso periodista en la puerta de nuestro local en la elegante calle Barquillo en pleno barrio de Chueca. Fumo un cigarro para hacer tiempo. Miro alrededor. Me ofrecen una tarjeta de otro restaurante con menú del día y declino la oferta mientras lo busco tras mis gafas de sol. Por encima del resto de cabezas, veo una figura que sobrepasa en estatura al resto. Es el famoso periodista y criminólogo Nacho Abad. Es curioso cuando te encuentras cara a cara con un rostro conocido, parece que hasta lo conoces… Pero claro, me recuerdo que esto no es recíproco porque ni aparezco en televisión en programas tan conocidos como Espejo Público ni escribo novelas como Sé que estás viva, su último libro en el que ocurre algo interesante en el local donde vamos a comer. Me ve, me saluda, y pasamos al “escenario del crimen” a resolver por qué eligió esta localización para uno de los pasajes de su libro.

Nacho es un tipo abierto y cercano sin ningún tipo de postureo de famoso. Es un periodista riguroso y preocupado por informar y opinar desde el profundo conocimiento de los casos de los que habla y de ello conversamos durante la comida. De periodismo, literatura, opinión pública, juicios mediáticos y de linchamientos en redes sociales a todos los que se salen de la opinión hegemónica y políticamente correcta. Al final, quién no ha sido un poco cuñado con la política, el cine, el fútbol o incluso valorando un vino (como no tengo cuñado, puedo decirlo sin miedo a que me sienten en la mesa de los niños en navidad).

Nacho ha trabajado en periodismo tocando todos los palos: corazón, humor, política, crimen… Y fue en crimen donde se sintió en su sitio. Y para estar más cómodo todavía, se lanzó a la piscina y estudió criminología, permitiéndole así comprender los procedimientos judiciales o los perfiles de los criminales. Le gusta contar los casos que investiga desde toda su amplitud y no dar cancha al morbo como otros medios y colegas.

SÉ QUE ESTÁS VIVA

A Nacho le gusta escribir novelas que entretengan. Eso es primordial. La trama es compleja y su estructura es, como él dice, la que puede tener alguna de las series de moda de Netflix: capítulos que acaban dejándote con ganas de más mandanga. Es primordial para enganchar al lector. Al final, muchos leemos para escapar de la rutina y meternos en la piel de otros personajes (no todo va a ser escribir en blogs y comer Pad Thai, ¿no?). Pero existe además otra parte que es clave para él y que a mí, personalmente, me resulta más interesante todavía. En cada libro que escribe trata de denunciar todos estos temas que hemos comentado antes: sistema judicial, juicios paralelos por parte de la opinión pública, linchamientos desde la total ignorancia, perfiles criminales, estructuras de poder, jurados populares decidiendo el futuro de otras personas, la fina línea de la culpabilidad y la inocencia… Una segunda capa de crítica social aprovechando la trama de la historia. Una buena forma de desahogarse de todas las injusticias que observa día a día o sufre en su propia labor como periodista.

Nacho Abad con Ricardo Alexander

¿POR QUÉ TUK TUK?

En este tema coincido con Nacho al 100%. Cuando lee una novela o ve una película le encanta que los espacios donde se desenvuelve la trama sean reales. Que el relato se pueda vivir recorriendo esos espacios. Por eso, en su novela siempre hay reuniones, pistas o sucesos en lugares que existen, como puede ser una librería del Barrio de las Letras o el mejor restaurante asiático de todo Madrid.

Y claro, para elegir las localizaciones, tira de la memoria. Aprovecha sitios que ha visitado y le gustan para que sus escenas se desarrollen en ellos y sean más verosímiles. Y en Tuk Tuk es lo que le pasó. Llevaba tiempo con ganas de probarlo y cuando lo hizo, quedó el sabor y ambiente de nuestro restaurante en su memoria. Además, Tuk Tuk encajaba espacialmente en la trama. No podemos estar más contentos de que esto fuese así.

El misterio quedó resuelto y sin hacer ningún spoiler os voy a decir un secreto: no muere nadie en el restaurante. 

Muchísimas gracias por la charla, fue un verdadero gusto conocerte.

 

 

 

Por Daniel Martí de Veses

 

 

 

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